25 de agosto de 2015

A veces el silencio es el que grita

Sólo con un abrazo nos hacíamos magia y el mundo podría desaparecer y nos salvaríamos porque no habría mayor distancia que la de nuestros labios. El corazón intenta abrirse paso entre tanto dolor, la mente intenta separarse de los recuerdos que ahora entristecen los días porque no volverás. Es difícil saber cómo quisimos alargar nuestros sentimientos hasta darnos el último beso, nos hacíamos la paz a pesar de todos los clavos que había a nuestro alrededor pero lo hicimos y no nos separamos. No era el destino pero algo nos atrajo hasta encontrarnos, porque hay sensaciones que sólo se viven entre dos personas que no se buscaron jamás. Cuando nos fuimos, cuando llegó el final definitivo, cuando la tristeza es el estado de ánimo normal y la sonrisa sólo puede ponértela la persona que te la quita, cuando su abrazo calmaría todo el dolor que envuelve el corazón y yo te abrazaría con todas mis fuerzas pero a la vez da tanto miedo tenerlo. Cuando dejar el pasado como está y lleno de nuestros recuerdos es lo más lejano que existe porque nada volverá y hacer un presente inmejorable es una esperanza inalcanzable. Cuando no existe una oportunidad para dos personas que se quieren y tampoco puedes dártela a ti misma porque cada paso arrastra al mismo callejón esperando encontrarte. Cuando los errores ahora son las marcas más estables y certeras del terreno fangoso y los buenos instantes que quisieran llegar son un mundo que todavía quiere ser conquistado. Cuando dos personas hechas de hierro se hicieron una, y han quedado separadas y apagadas por el querer, dos personas que lloran lo mismo por diferente razón de ser.  La única distancia que existió la sigue decidiendo nuestro corazón, y éramos dos que cuando nos mirábamos a los ojos sabíamos qué era lo necesario. Y ahora podríamos mirarnos y no reconocernos, esperando que suceda algo que nos cambie, que se lleve el deseo y no nos castigue por alejarnos en contra de nuestro corazón. Nos necesitamos, pero así pasa el verano, esperando algo que se extingue; quizás hacerse daño es mejor que no hacerse nada, y quizás es otra noche y mañana será otro día de esos. Prometo que éstos serán los últimos vestigios de mis sentimientos que podrás leer y que no intentaré evocar para ti.

1 comentario:

  1. "Prometo que éstos serán los últimos vestigios de mis sentimientos que podrás leer y que no intentaré evocar para ti" ¿Seguro?

    ResponderEliminar