12 de noviembre de 2014

Yo, mi, me, conmigo

Es curioso que, cuando menos esperas las cosas es cuando suceden, como si de una bomba de relojería se tratase, ahí estabas tú, parecía que el mundo se hubiese puesto en guerra, detonaste en ese preciso momento en que los sentimientos se atrevían a brotar porque sí, y claro, ahí estaba yo, totalmente desprotegida y tú como siempre tan oportuno. Empiezo a entenderlo todo, las cosas no suceden porque sí, todo pasa por algo. No me arrepiento de cada instante pegada a ti, de percibir tu olor como si fuera la cosa más cercana del mundo, de acostumbrarme a tu sonrisa, tu forma de mirar, de cogerme la mano con fuerza, simplemente fue tu persona.  Quizás llegaste a ser esa bonita casualidad de la que todo el mundo habla y, tal vez fue oro cada instante a tu lado pero hoy es solo palabrería y recuerdos oxidados tirados en cada puto lugar que estuve contigo, cigarros que no me dejabas encender y colillas apagadas en el asfalto. El vacío lo hiciste y el dolor lo dejaste en bandeja. Apenas teníamos fotografías, pero no las necesito, no sé sacarte de mí sin sentir que me quedo vacía, me acostumbré a ti, a tu peculiar manera de querer y a tu particular forma de quitarle importancia a las cosas sin sentido. No estar contigo es no querer permanecer al lado de nadie más pero no te creas, también son mis intenciones de dejarte atrás y no quiero entender nada más, no quiero hacerme más daño. Sinceramente yo tampoco estaba preparada ¿sabes? Pero no me importaba nada de lo que pudiera venir aunque para ti no fuera suficiente o quién sabe, tal vez demasiado, y ¿sabes? juraría que hay estrellas que brillan más que tú.

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