18 de septiembre de 2012

Un año en blanco

Es duro ver a los demás desde aquí, ver que no puedes formar parte de ellos, de sus salidas, tener esa impotencia.. Con una lesión de una semana me deshacía, me comía las uñas, imaginaros ahora; rotura completa de ligamento cruzado anterior y menisco. Yo preguntaba a otras personas cómo sería, informarme y estar al día de todo, que sentiría, saber qué me harían. Cuando me dieron rehabilitación la primera vez, antes de llegar  allí me dije; "me voy a recuperar, solo es un tropiezo más" pero al mes siguiente supe que esa esperanza no era mía cuando el doctor dijo "hay que operar"; a partir de ahí empecé a confiar en mí pues no me quedaba otra, no pensaba en ello, no tenía esa preocupación tan constante, mantenía mi mente limpia, estaba animada y no tenía miedo. 
Cuando entraron a por mí dije, "ya está, vienen a por mí, no hay vuelta atrás, con todo hacia delante", mi madre me dio un beso en la mejilla, un beso de tranquilidad y me sacaron de la habitación. Al pasar aquella puerta, al entrar en quirófano sentí mucho frío en todo mi cuerpo, temblaba y ahí supe que era como me habían contado. Primero la vía, luego esos comentarios de relajación de los médicos, las preguntas sobre mí, luego la epidural y a partir de ahí todo dependía de ellos. Primero me decía que no miraría esas imágenes en la pantalla pero es que no podía evitarlo, aun tenía esa esperanza de que el ligamento no estaba roto completamente. Escuché al doctor decir "menisco roto" un largo silencio y seguidamente "ligamento totalmente roto", no esperaba lo del menisco. Lo único que podía hacer era tranquilizarme, relajarme y esperar, aunque sabiendo que la esperanza había desaparecido. A veces notaba algunos movimientos, pero era porque se movía mi cuerpo, movían la pierna... eso me daba repelús, creía que  podría llegar a sentir algo. Luego los temblores de aquel "martillo" que aun no se realmente para que servía y la vibración de mi cuerpo. A veces escuchaba al doctor decir, "va muy bien, esto está de puta madre", admito que esos comentarios me calmaban. Si algo me relajaba de verdad fue la música de fondo, especialmente aquellas dos canciones de pablo alborán que sonaron de fondo en la radio, hasta los médicos se animaban cantando las canciones.
La operación fue muy bien, duró poco más de dos horas, cuando me sacaron de aquella sala y me pusieron en otra tenía mucho más frío, tiritaba y los médicos me remetían las sábanas echando una risa de serenidad. A las dos horas, cuando aquello empezó a despertar, el dolor se empezaba a hacer intenso, era un dolor tan diferente. Si algo me asustó fue que no sentía nada de ombligo hacia abajo... La noche fue muy mala, quizá dormí tres horas pues no podía evitar ese gruñido, esa queja por dentro, esa sensación, esas ganas de querer girarme tan solo por estar acostumbrada a mi forma de dormir. Lo peor era tener que orinar en aquella cuña, ¡Qué horror! 
A la mañana siguiente se presentaron el médico y la enfermera para curarme, me destaparon aquello y dijeron "muy bien, ya puede irse" Sí, me fui esa noche. Lo primero que hicieron fue moverme la pierna una y otra vez, y es que no pude evitar que se me saltaran las lágrimas pero eso no fue todo, tenían que quitarme la venda y volver a cubrir esa pierna, fue lo peor.
Salir del hospital fue muy movido pero al fin llegué a mi casa. Allí pasé malos días pero me recuperaba bien, no podía estremecerme, todo era con ayuda aunque eso cada vez iba a mejor. Ahora debo decir que llevo 9 sesiones de rehabilitación y he mejorado mucho. Cuando me quitaron el vendaje tenía la pierna dolorida, muerta, dormida, no podían tocarme, había perdido mucho cuádriceps pero a pesar de ello podía levantar la pierna, algo que sorprendió al médico cuando me vio.
Después de estas sesiones estoy mejor, no sabéis el trabajo que cuesta, ya doblo unos 115º, el objetivo son 135º y ya veo esa meta más cerca. Ahora solo tengo en mi cabeza ese cuando podré volver a salir, a correr, a hacer deporte como tanto me gusta.
Aprovecho para dar las gracias a las personas que están ahí para apoyarme y me dan esas palabras de aliento, ese impulso en este día a día. 
Gracias.

17 de septiembre de 2012

Olvidos y palabras

Con los días los recuerdos y la rabia comienza a aflorar y con ellos el deseo y el miedo. Pudriéndome entre lágrimas y desolación, esperando algo que no vendrá, tan sólo por esperar algo. Así, si tiene que venir que venga. Palabras enrabietadas, llenas de desesperación por querer tener algo que no llegará, resentimiento por cosas que no se pueden cambiar, el coraje de que no puedes hacer nada, palabras que salen de mí sin una razón que las justifique y es que ahí están los que sólo te quieren para los buenos momentos, para divertirse y pasar el rato. Ese miedo a estar aquí, el desasosiego, la desconfianza de una misma y las ganas de poder volver a lo de antes. Es que ya, por mucho que quiera, no sale estar bien. Parece que cuando más necesitas a una persona es cuando menos está y es ahí cuando te das cuenta de que no esperas nada; esto solo es la sombra de mis palabras.

8 de septiembre de 2012

Una historia donde quiero salir de aquí, te busco en el pasado, quiero vivir el presente sabiendo que esto vuelve a ser de otro color y es que ahora todo está gris y la mejor compañía que puedes tener ahora es un libro, donde las cosas solo van bien al principio y yo tengo esa espinita, ese temor a cosas que extraño, a las que no volverán porque algo lo ha reemplazado. Algo falla hoy, algo falta; un respiro, un perfume, un beso de buenas tardes y buenas noches, un abrazo de estoy aquí, de algo no va a cambiar nunca, hasta que llega ese temor que se apodera de todo, ese..quizá pase algo, o tal vez ese..quizá ha dejado de pasar, mucho tiempo por delante, muchas cosas que cambiar.  Volver a empezar, volver a sentir, volver a percibir aquella ilusión, volver a tener esa esperanza. Hay cosas que no cambiarán nunca, muchas quizá se lleve el recuerdo, otras sólo las personas; de las que el tiempo no borrará, las de verdad, son las que quedan ahí.

6 de septiembre de 2012

Quizá todo esto es una pregunta y estoy buscando la respuesta


Quiero escribir algo y desahogarme, aunque realmente no me apetece decir nada; quizá me haya sorprendido de quienes vendrían en este viaje y sé que seguiré haciéndolo, alguien me dijo que "solo necesitas en tu vida aquellas personas que te necesitan en la suya" y es así, es que no necesito a más nadie para vivir todo esto y todo lo que queda por venir. Es en los días de soledad donde aprendes sobre los demás, cada detalle, cada fragmento, cada parte de esa relación que se olvidaron y tú supiste dar, porque hay algo que falla. Lo bueno de estar solos es que aprendemos mucho de nosotros mismos, hay una tinta invisible que no podemos ver, que solo sentimos en pequeños golpes que van solo hacia dentro, muchos se quedan ahí, muy dentro, siendo los que más cuesta hacer que salgan con las cosas que suceden, a veces no son lo que esperamos y es que en ocasiones no todo funciona. Que sería sin esa persona que te ayuda a crecer, o que puedes, por decirlo así, presumir que está contigo y que muchas personas no tienen cuando más la necesitas. No quiero que esto se convierta en la sombra de un recuerdo. Solo queda poner los auriculares al máximo, silenciar la cabeza y es que se cambia de posición en este viaje, ojalá muchos elementos, muchos rasgos no cambiaran nunca. Si no estás parece que todo lo bueno desaparece, se extingue. No quiero nada, solo una sonrisa en la cara de aquellos que se preocupan y no pueden tenerla tan fácil; así ver que todo está bien. 


2 de septiembre de 2012

Y otra vez, como el Ave Fenix

Conforme transcurren los días todo se va subiendo en una montaña rusa aunque sabes que cuando termine de dar vueltas solo quedarán en ella una o dos personas, porque desde el principio ya empiezas a darte cuenta de quién quiere jugar contigo, quién quiere dar vueltas, girar, estar en esa noria, en ese sube y baja de ideas de pensamientos, de sentimientos, de emociones, de conversaciones. En estos días se aprende mucho de una misma, de los demás, de lo que hay alrededor... Y es que en muchos momentos hechas en falta a sólo unas ciertas personas que te gustaría tener ahí, sentir que puedes abrazarlas, tener conversaciones, a veces esas tan personales, tan de una misma, sabiendo que os separa el tiempo. Cuando estás con la gente en su entorno, lo único que separa son las palabras, los insultos, a veces las miradas; sin embargo cuando estás lejos separan esos minutos, las horas...los días. Sin sentirlas, sin intercambiar ni un pequeño gesto, nada, porque falta tiempo porque se echa de menos lo que no se tiene, lo que saboreaste antes y ya no está.