28 de agosto de 2012

Porque una estrella fugaz también puede ser inolvidable


Hay personas que pasan por tu vida y no las esperas, no esperas que sean ese motivo por el que sonreír en determinadas situaciones, que sean ellas las que…

Con los días sientes que tiene algo, algo que sabes que se hará muy grande, que con apenas unos días ya tienes ese presentimiento de que es de los que están ahí y es que hablo de esa amistad que cuando está a tu lado dices, que no se vaya nunca, que se quede aquí pero que cuando llega el momento de marcharse te dices, es que falta mucho para que vuelva; desde ese momento en que se da la vuelta para irse ya estás deseando que vuelva, ya empezabas a contar los días que faltaban para que estuviera ahí de nuevo; días que se hacen meses y recuerdas esos momentos con una sonrisa en la cara, ese gesto que es imposible que no te saque; esa fecha… por lo que ha tocado vivir juntos, por los momentos que compartir, por las risas, por el cariño que aparece de la nada, por los consejos, por los ánimos constantes, por las sorpresas, por las frases irrepetibles, porque te sorprende en cada parada, en cada cosa que vas aprendiendo,  que te va enseñando, que va marcando, tallando; tantas y tantas cosas que quedan en el recuerdo, en una estrella fugaz que la viste llegar desde muy lejos, desde la distancia, una estrella fugaz que brilla cada vez que la piensas, que da luz y va iluminando ese camino que queda por disfrutar, por luchar por aprender, porque en cada parada lo echarás de menos, cada vez que mires sus fotos, que leas sus frases, que escuches sus palabras, su música, las canciones de ambos, porque está ahí, porque no hay lluvia y salió el sol, por el color verde de esa botella de cristal, por los juegos, por las victorias, por todo aquello que nos unió, porque forma parte de un cachito del corazón, porque es inolvidable.

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