25 de mayo de 2011

En mi corazón tú vivirás


No solo vivimos de recuerdos pero aun así me gusta recordar todos los momentos, la mayoría me vienen sin yo darme cuenta, algunos son buenos, otros malos. A veces los buenos te acercan a los malos y los malos te acercan a los buenos, a millones de sensaciones bonitas. Pero no son más que eso, recuerdos.  Se me pasan demasiados por la cabeza y tal vez no me gustaría que fueran todos.  Recuerdo las amistades que tenía cuando era pequeña, algunas ya no están. En aquellos años, tan solo era una cría que lo único que quería era que llegara la tarde para salirse a la calle, estando en la escuela ya me ponía a pensar lo que iba a hacer por la tarde, lo planificaba todo y siempre salía bien algunas veces incluso mejor, no como ahora, que planeas algo y sale justo al revés y piensas, ojalá no lo hubiera planeado, las cosas salen mejor sin pensar. Solo me interesaba salirme a la calle a jugar a la pelota,  a montar en bici y saltar a la comba con todos esos compañeros con los se pasaban las horas como si fuesen segundos. No perdía ni un solo minuto, recuerdo que mi madre me bajaba el bocadillo a la calle porque no tenía tiempo de subir a merendar. Tantas cosas, tantos amigos que todavía perduran a mi lado, tantos momentos que recordamos, tantas personas importantes  y que especialmente una de ellas, con siete años se fuera de las vidas de tantas personas. A pesar de mi edad, cuando me enteré no quería creérmelo, recuerdo que me lo dijo mi abuela aquel fatídico sábado por la mañana.  Después de todos estos años, te recuerdo como si fuera ayer, todas las tardes que venías a mi calle a jugar, que pasábamos las horas en la bici y jugando al mate, en la escuela, cuando jugábamos al cocodrilo; decíamos que nadie conseguiría pasar sin que quisiéramos o aquella vez que hicimos una obra para nuestra graduación, en los ensayos siempre salías la primera en la fila dirigiendo a todo el grupo hasta que una vez te pregunté que si me dejabas solo esa vez, que eran ensayos y no pasaba nada; a la profe le gustó como lo hice y me puso la primera a mí, pero aquello no cambió nada. El día antes del accidente, era jueves, tu madre estaba en la peluquería y la mía fue a recogernos a la escuela, recuerdo que al cruzar la carretera nos cogió muy fuerte de las manos. Estábamos mucho tiempo juntas, y no me canso de ver nunca esas fotos. Teníamos tanta ilusión y ahora no es más que eso, un simple recuerdo. Todavía quedaban muchas tardes que pasar juntas, y que una lágrima derramada en aquel momento se pasaba dándole una patada a la pelota. Tantos momentos esfumados como si fuera la llama de un mechero al soltar el botón del gas, o el apagar las velas de una tarta en esos fantásticos cumpleaños en los que estabas deseando que llegara para comértela y acto seguido, la bolsa de chuches y que con esto, también te dieran los regalos. La ilusión se pierde con el paso de los años, el tiempo se pasa y con él los recuerdos, pero hay cosas que jamás se irán, algunos de ellos se quedan muy bien guardados, otros incluso se eternizan.

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